Adaptarse a un gran cambio: África con un bebé

Recientemente mi vida ha dado un gran cambio: Nos hemos venido toda la familia a vivir durante un año a Camerún.
 
Lógicamente tomar una decisión así requiere mucha meditación y mucho tiempo considerando los posibles problemas y soluciones. En lo personal y profesional, por supuesto, pero sobre todo en lo familiar. Y es que, ¿cómo podríamos sobrellevar el sentimiento de culpa si a nuestro hijo le pasara
algo? 
 
La única solución a ese dilema es pensar en lo enriquecedora que puede ser para él una experiencia así y tener todos los cabos bien atados para poder actuar en caso de problemas. En nuestro caso contamos con la ventaja de que conocemos bien el país y de que ambos somos médicos y trabajamos en un hospital.
 
Pero en cualquier caso, antes de venir nos preocupamos de tres cosas: 
1. Conocer bien los hospitales y el sistema de salud del sitio donde íbamos.
2. Contratar un seguro de salud con buenas coberturas y derecho a repatriación. 

3. Consultar una unidad de salud y viajes internacionales. En Madrid hay varias, os dejo un link donde las podéis consultar. Para nuestro hijo visitamos la Unidad del Niño Viajero del Instituto Carlos III donde le vacunaron de lo necesario y nos dieron las recomendaciones pertinentes. 

 
Y bueno, también hacernos con un buen botiquín y suficientes antimosquitos, cremas de sol, etc., más por tranquilidad mental que por necesidad real.
 
Eso en cuanto al bienestar físico pero, ¿y el mental? ¿Cómo iba a adaptarse a nuestro hijo al cambio? ¿Iba a asustarse en un lugar tan distinto? ¿Le costaría el idioma? ¿Cómo reaccionaría ante otro color de piel?
 
Los que tenéis niños cerca ya sabréis que son mucho más listos que nosotros en muchos aspectos, y la adaptación a los cambios es uno de ellos. En nuestra experiencia nuestro hijo no dio más signos de extrañeza que un poco de ‘mamitis’ al principio. No tuvo mayor problema. No dio ninguna impresión siquiera de que notara que la gente es de otro color.
 
Está contento, disfrutando como siempre de las pequeñas cosas y en todo lo que a nosotros nos parece una incomodidad él encuentra un juego (si se va la luz, en lo que buscamos las velas se pone a cantar el cumpleaños feliz; si hay que almacenar agua se lo pasa pipa jugando con los cubos). 
 
Respecto a la lengua, como el lenguaje verbal aún no es indispensable para ellos, tampoco hay mayor dificultad: cada uno hablan su idioma y todos juegan a la pelota
 
Y cuando habla de los abuelos, de la familia, de sus amigos y de lugares habituales de Madrid no lo hace con pena (en este sentido ¡las nuevas tecnologías ayudan mucho!). 
 
Todos los grandes cambios asustan y está claro que África, fuera de las zonas turísticas, es un lugar complicado para viajar con niños. Pero la experiencia para ellos puede ser tremendamente enriquecedora y se adaptan a los cambios con mucha más facilidad de lo que pensamos. Si por distintas circunstancias tenéis un cambio así en el horizonte, ¡espero que os ayude leer esta experiencia!
 
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