¿Se puede enseñar a dormir a un bebé de tres meses?

¿Se puede enseñar a dormir a un bebé? Ésa es la gran pregunta que todos los padres (sobre todo los que tienen hijos que se despiertan mucho por las noches) quieren resolver. Y también es un tema que provoca airados debates en las redes entre partidarios y detractores del método Estivill.

La verdad es que yo no tengo una respuesta a esa pregunta, pero sí tengo la experiencia de lo que a nosotros nos funcionó con A. No obstante, también os aviso de que puede que todo haya sido casualidad, y que el éxito de que nuestro peque duerma la noche del tirón prácticamente desde que nació no sea mérito nuestro sino simple y llanamente resultado de que es un bebé dormilón.

En cualquier caso, por si a algún padre o madre desesperado le sirve de guía, os explico lo que hicimos nosotros a partir de los tres meses (porque más pequeños las opciones van poco más allá de dormirles al pecho y tener paciencia, tal y como nos contaba Leticia en este post):

Desde que nació A. nuestra rutina para ir a la cama ha sido (y sigue siendo) siempre la misma: comienza sobre las 9 o así, que es cuando le dábamos un bañito relajante con agua templada y luego un masaje con aceite, mientras le cantábamos suavemente alguna canción o le hablábamos contándole las cosas que le íbamos a hacer. Además, a partir de esa hora apagábamos la tele, poníamos luces muy tenues y empezábamos a hablar en voz muy suave.

Además, cuando A. cumplió tres meses y aún dormía con nosotros en la habitación empezamos a meterle en la minicuna después de la toma de pecho y biberón pero aún despierto. Entonces nos quedábamos con él un rato, cantándole (yo procuraba que fuera siempre la misma canción, para que la asociara con el sueño) y mirándole pero intentando no acariciarle ni mirarle a los ojos directamente (eso le animaba un montón).

Cuando se quedaba tranquilo, salíamos de la habitación, y volvíamos a entrar tan pronto como comenzaba a lloriquear. Entonces volvíamos a cantarle, leerle o acunarle un poco y nos quedábamos dentro de la habitación (incluso recogiendo o haciendo otras cosas) hasta que volvía a tranquilizarse. A veces ni siquiera nos podía ver, pero sí oía que estábamos con él y con eso bastaba para que se calmara.

Y el ritual se repetía tantas veces como fuera necesario hasta que se quedaba dormido. Los días que estaba muy muy nervioso y lloraba mucho y/o mucho rato lo sacábamos de la cuna y lo mecíamos un poco en brazos hasta que se calmaba, y luego volvíamos a empezar. Y, poco a poco, cada vez le iba costando menos tiempo quedarse dormido, y cada vez era necesario entrar menos veces en la habitación.

Cuando le pasamos a su cuarto (sobre los seis meses, evitando que el cambio coincidiera con mi vuelta al trabajo y su comienzo en la guardería) tuvimos un par de semanas en las que tuvimos que volver a hacer el proceso. Pero después de eso, A. asumió su nuevo espacio y desde entonces se queda dormido solo después de estar un rato de risitas y charla en la cuna, y ya no se despierta ni cuando se le cae el chupete. 

No creo que esto sea una ciencia exacta ni que este ‘manual’ le sirva a todo el mundo, visto que cada niño es un mundo. Pero quizás a alguno le ayude o al menos le dé esperanza de que poco a poco, con paciencia y constancia, los niños van aprendiendo a dormir solos.

Eso sí, todavía ahora que A. tiene ya un año, hay noches en las que se despierta 20 veces y acabamos metiéndolo en la cama con nosotros para poder dormir algo. Y lo mismo cuando está malito. Pero bueno, en esos días ¿a quién no le gustaría que mamá y papá le achucharan y le mimaran? 

¡Síguenos y comparte!

One comment

  1. Lo de las rutinas es importantísimo, tanto de pequeños como de más mayores! No es fácil, pero mantenerlas y, cuando hace falta, cambiarlas poco a poco, a mí me ha funcionado también. Eso sí, ojalá hubiera tenido yo estos consejos cuando tuve al primero, seguro que me hubiera ayudado un montón…

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *