Los cólicos del lactante

Cuando fui madre por primera vez no tenía ni idea de lo que era esto de los cólicos… ¡hasta que los viví en primera persona! Sinceramente, no se los deseo a nadie: De repente tu hijo, tan mono y tranquilo como parecía, se convierte en un bebé que llora y llora sin parar, sobre todo por las noches, cuando ya estás agotado. Y después de consultar al pediatra, de leer millones de libros, artículos, foros y todo lo que cae en tus manos, llegas a la temible conclusión: tu bebé tiene ‘cólicos’.
¿Qué son los cólicos del lactante? Se llama así a un llanto incontrolable en un bebé de menos de tres meses, que puede durar varias horas seguidas y que se repite, al menos, tres días a la semana. Se suelen dar por las tardes y empiezan a partir de los 7-15 días de vida. El llanto no se calma aunque le des de comer, le tapes o hagas el pino puente.

La causa de los cólicos no se conoce. Se ha planteado que podrían deberse a inmadurez del aparato digestivo, gases, un exceso de estímulos… pero realmente no se sabe aún. Es importante consultar al pediatra para descartar que haya alguna causa tratable como el reflujo o la intolerancia a la proteína de la leche de vaca.

Si no es así, hay algunas cosas que pueden ser útiles hasta llegar a los tres meses, que es cuando suelen desaparecer:

Intentar estar tranquilo: Esto es muy complicado, sobre todo cuando llevas días sin dormir, pero es verdad que empeora el ponerse aún más nerviosos: el bebé lo nota y entras en una especie de bucle. Aunque sea difícil, es importante relajarse y tratar de descansar todo lo posible.

Cogerle en brazos: Muchas veces el llanto se calma cogiéndoles en brazos, seguramente porque se sienten más protegidos, así que conviene pedir ayuda y repartirse para no acabar agotado.

Portear al bebé: Llevar al bebé en mochila o en fular ayuda bastante, no sólo por ir cerca de vosotros, sino por la posición vertical, que parece mejorar las digestiones.

Mecerlos: El movimiento suave y rítmico les calma (acunarlo, pasearlo en el carrito, meterlo en el coche…)

Ruido blanco: Parece increíble, pero funciona. Sonidos como el del secador del pelo, la campana extractora, el mar… les relajan porque les recuerda al ruido que escuchan en el útero materno. Hay aplicaciones para móvil que los reproducen para tenerlos siempre a mano.

Remedios naturales: Algunos pediatras recomiendan tratamientos que ayuden a expulsar los gases y mejoren la digestión, como el Reuteri (lactobacilos) o el Colikind (homeopatía), que pueden aliviarles un poco.

– Tratamiento por osteópata y/o fisioterapeuta: Para mí, esto es lo único que realmente da resultados. El método Rubio consiste en unos masajes que da un fisioterapeuta en la tripa al bebé, y normalmente, con dos o tres sesiones se suele ver una gran mejoría. También se pueden combinar con osteopatía, que manipula de forma suave los huesos del niño.

Por último, sólo me queda mandar mucho ánimo a los padres: es una experiencia difícil y parece que no se termina nunca, pero pensad siempre en lo único que nos consolaba a nosotros: se acabará pasando (y es verdad).

¡Síguenos y comparte!

One comment

  1. Gracias por los consejos, tienen más valor aún por venir de alguien que ha tenido que capear con el problema, y lo más importante que encontró una solución.
    Muy interesante vuestro blog, enhorabuena!.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *