Superpoderes

Cuando te conviertes en padre o madre, de repente descubres que has desarrollado unas habilidades que harían palidecer a los mismísimos X-men y que te sacan de más de un atolladero. Sin duda, la especie humana ha sobrevivido hasta ahora gracias a superpoderes como éstos:

  • Sujetar a un bebé que apenas pesa 8 kg pero que se mueve como si tuviera pulgas en el pañal y que tiene más fuerza que el primo de Zumosol mientras nos preguntamos cuándo fuimos al gimnasio por última vez.
  • Caminar por la calle cargados con el niño en un brazo, llevando además el carrito, tres bolsas de la compra, un paraguas, veinte juguetes, un par de biberones; y abrir la puerta de casa con el pie, saludando sonrientes al vecino de al lado como si fuera lo más normal del mundo.
  • Aprender términos como body, maxicosi, minicuna (¿¿¿hay diferentes tallas de cunas???), meconio o leche de continuación.
  • Saberse de memoria las vacunas que ya le hemos puesto, la dosis de Apiretal que le corresponde, los centímetros que midió al nacer, la fecha de la próxima revisión con la enfermera y, por supuesto, las últimas recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sobre cuándo hay que introducir el huevo, el gluten, la fresa y hasta el bogavante.
  • Contar cada noche un mínimo de 500 cuentos infantiles, seguidos de otras tantas canciones, con diferentes voces y sin repetirse ni una sola vez.
  • Preparar unas lentejas y un pescado al horno al mismo tiempo que ponemos la lavadora, cambiamos al bebé y hablamos por teléfono con la tía Pili, sin dejar de pensar en que hay que ir urgentemente a comprar leche y pañales.
  • Ser capaz de no dormir más de una hora seguida porque el bebé tiene hambre, sed, calor, frío, fiebre, tos… (añádase aquí cualquier evento capaz de interrumpir su plácido sueño y, por consiguiente, el nuestro) y levantarse para ir a trabajar más dignos que la Preysler.
  • Detectar peligros potenciales (o imaginarios) para niños en cada milímetro de casi cualquier casa que visitamos.
  • Conducir mientras cantamos por enésima vez “El barquito chiquitito” (versión rockera) para que nuestro pequeño retoño no se ponga a llorar como un desesperado, sin perder de vista a ese coche rojo que intenta adelantarnos por la derecha.
  • Recorrerse todos los supermercados y farmacias de la zona apenas 30 segundos antes del cierre porque nos hemos quedado sin papilla multicereales con miel.
  • Y el más importante: no perder el sentido del humor a pesar de las ojeras, las rabietas, los “no come nada”, los virus infantiles (¡esos sí que tienen superpoderes!) y lo que es peor… los temidos Cantajuegos.

 

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6 comments

  1. Me siento muy identificada con este post! Cuando por primera vez me di cuenta de la cantidad de cosas que podía hacer con una sola mano, no me lo podía creer!

    1. Sí, eso pasa, el día que vuelves a tener dos manos te sorprendes de lo rápido que lo haces todo! Lo malo es que a cambio pierdes algunas neuronas…

  2. Totalmente de acuerdo. Y eso sólo con el primer hijo, a partir del segundo los poderes se incrementan exponencialmente.

    1. En eso tienes razón, con el segundo te das cuenta de que cuando tenías solo uno te organizabas peor! Supongo que es supervivencia pura, te tienes que adaptar al poco tiempo que te queda libre.

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