El paso de la cuna a la cama, nuestras experiencias

Generalmente pasados los 2 años comenzamos a cambiar la cuna de nuestros bebés por una camita para nuestros ya no tan bebés. En la tribu de madres de Chamberí hemos hecho ese paso de distintas formas, que compartimos con vosotr@s:

Sofía

En nuestro caso, con el cambio de país y nueva casa vino también el paso de la cuna a la cama. En ese momento J. estaba a dos meses de cumplir los dos años. No hubo barreras, colchones en el suelo ni otros pasos intermedios. Los primeros días poníamos cojines en el suelo por si se caía y, efectivamente, sucedió dos o tres veces (curiosamente, no las primeras noches), pero no más. Las caídas no suponían un gran problema: le volvíamos a subir a la cama y a seguir durmiendo. Ahora se sube y baja él solo de la cama, y por la mañana viene a despertarnos.

Respecto a la almohada, el inicio fue un poco espontáneo. Nos dimos cuenta de que le gustaba coger un cojín que había de adorno y dormir boca abajo sobre él. Le pusimos entonces una almohada y hacía lo mismo. Y poco a poco, supongo que por imitación, empezó a dormir con la cabeza sobre la almohada.

Mara

Mi caso es muy parecido al de Sofía ya que también ha coincidido este paso con el cambio de país. En el apartamento que hemos alquilado no había una cama para ella y decidimos comprarle una minicama de Ikea que, la verdad suelen, ser muy asequibles de precio y para este tránsito, muy recomendables. Se trata de una cama infantil para niños de 3 a 7 años. Sus medidas son de 70×160 cm y hay incluso extensibles hasta los 200 cm. Son bajitas, lo que facilita que los peques suban y bajen cuando deseen. Le compramos además una barandilla para el ‘por si acaso’, pero creo que pronto se la retiraremos para que se acostumbre a no pegarse al borde.

Cristina

Nosotros aún no hemos pasado de la cuna a la cama a pesar de que A. ya supera los dos años y medio y empieza a estar un poco estrecho en su cunita. La verdad es que el verano pasado, un poco antes de que cumpliera los dos años, intentamos quitarle una de las barreras de la cuna, pero se lo tomó tan mal que ni siquiera quería estar en la habitación. Así que entendimos que no le había llegado el momento y volvimos a atornillarla a su sitio. Dentro de tres meses A. tendrá una hermana, y no queremos que la asocie a la pérdida de su cuna, así que vamos a acometer un inminente cambio de habitación, haciéndole partícipe de la elección de muebles, adornos y demás complementos para ver si así el paso a la cama resulta más sencillo.

Ana C.

El paso de la cuna a la cama de X. fue a los dos años y pocos meses, aprovechando que cambiamos de casa y en la nueva había una cama para él. Al principio se movía más que una lagartija, ¡¡aquel espacio era inmenso!! También recuerdo los primeros días, se bajaba solo en medio de la noche y aparecía como un espectro, sin hacer ruido, a tu lado en cualquier rincón de la casa. ¡¡Menudos sustos nos metía!! Después la rutina de los cuentos leídos tumbados juntos, se fue transformando en uno de los momentos preferidos del día y la cama poco a poco se fue convirtiendo en su territorio de noche. Y ahora mismo estamos todos encantados.

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