Día de la Madre: yo nunca…

Todos nos acordamos de aquellas cosas que hacían o decían nuestras madres cuando éramos pequeños y que no nos gustaban nada, ¿verdad? Y que siempre pensábamos que nunca haríamos con nuestros hijos. Pues como en tantas otras cosas, la maternidad se ríe de nosotras. ¿Cuáles son vuestros mejores ‘yo nunca’?

Sofía

Tengo dos buenos ‘yo nunca’: la obsesión por lavarle los dientes (algo que odiaba de pequeña) y esos fantásticos… “¡ni mamá ni mamó!!”, “¡ni pan ni pon!” y todas sus vertientes, que me salen en los mejores momentos (se ve que nuestras madres ya andaban con el debate del lenguaje no sexista).

Cristina

Cuando era pequeña me daba mucho coraje que mi madre me dijera que no “porque lo digo yo”, y me había jurado y perjurado que yo siempre razonaría con mis hijos… hasta que he sido madre. Y la verdad que es he recurrido a ese ‘argumento’ más de una vez, en ocasiones por cansancio o desesperación, en ocasiones porque he renunciado a conseguir que mi hijo de dos años y medio me entienda. Sólo espero que cuando sea más mayor, y tenga más capacidad de raciocinio, yo deje de recurrir a esa no-argumentación.

Mara

En mi caso, siempre me fastidiaba que mi madre me mandase a la cama pronto. Nunca lo conseguía entender, porque el plan de quedarse despierta leyendo o viendo la tele siempre me apasionaba mucho más que irme a la cama sin pizca de sueño. Ahora soy yo la que siempre insiste en que A. esté en la cama a las 20.30 horas y con la luz apagada. Alguna vez ya la hemos pillado espiándonos detrás de la puerta porque tampoco se quiere dormir tan temprano, y es cuando yo recuerdo cuánta razón tenía mi madre.

Glenda

Yo sinceramente decía que nunca dejaría que mi bebé comiese viendo dibujos. Pensaba (y lo sigo pensando) que la comida debe hacerse de forma consciente y armónica, en un ambiente familiar… hasta que J.O. se enfermó cuando comenzó el cole y no quería comer por nada del mundo. Sólo ver la ‘Patrulla Canina’ y ‘Hey, dugee’ lograba un nivel de concentración tan alto que no se daba cuenta que su madre loca lo alimentaba por el otro lado. ¡Y así ha continuado hasta ahora! Supongo que cuando sea un poco más grande lograré erradicar esta mala costumbre.

Ambra

Siempre he odiado los gorros y de pequeña soñaba con llegar a ese día en el que nadie me obligaría a ponérmelos. Desde que tengo un niño, no solo le obligo a él a llevarlo, sino que he aprendido yo también que -solo de vez en cuando- cubrirse la cabeza viene bien! Pero cada vez que me veo contando hasta 3, reduciendo los números a mitades y cuartos para que dure más, con la amenaza de que se queda sin peluche si no se pone gorro, me siento tan de vuelta a los años 80…!

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