La importancia del “NO”

Decir que no siempre cuesta, y más aún cuando se lo tenemos que decir a la personita que más queremos del mundo y que nos ha robado el corazón. Pero tenemos que entender que ese ‘no’, para ellos, es de gran ayuda porque les permite saber dónde se encuentran los límites.

Es sintomático que alrededor de los dos años ellos responden a todo con ‘no’: no quiero esto, no me gusta lo otro, no te quiero…. Luego, cuando nosotros queremos negarles que ejecuten una acción, parece como si no nos entendieran y la llevan a cabo repetidas veces. No te subas ahí que te vas a caer, no cojas cosas del suelo, no te metas eso en la boca, no toques el horno, no, no, no….

Hace poco descubrí gracias a mi Nunu (la chica que cuida de A.) que a veces es inútil justificarles las consecuencias de su acción porque siguen sin dejar de hacerla y a nosotras nos sacan de quicio.
En cierta ocasión, he tenido que escuchar, “se merece una torta”, pero ésa no es la solución.

Ella misma me recomendó que cuando A. no me haga caso me ponga a su altura, levante mi dedo índice en modo de advertencia, la mire a los ojos y le repita con tono de voz serio: “No vuelvas a hacer eso”. Lo más seguro es que sigan sin hacernos caso, así que lo siguiente que me recomendó fue que la llevara a un dormitorio aparte y la dejara “en el rincón de pensar” o la pusiera en su cama y me fuera.

En ese momento, nuestro peque se va a frustrar pero en realidad, como Glenda nos comentó en su post sobre rabietas, esta frustración es beneficiosa para ellos. Ponerle límites les hace madurar y en el fondo nos lo agradecerán ya que sino estamos perdidos.

Veremos cómo minutos después de que les dejemos solos, pataleando, llorando, gritando… vendrán a nosotros con cara de no haber roto un plato nunca, y entonces será cuando estén receptivos para que les expliquemos lo que haga falta.

Poco a poco nuestros hijos se harán más conscientes de la importancia del ‘no’ y de las consecuencias que se derivan de no hacernos caso. Eso sí, tenemos que ser inflexibles en este tema –“no es no”– y que nuestra pareja también nos ayude a manterlos a raya. Y vosotras, ¿tenéis algún truco para que vuestros hijos os hagan caso?

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