Y… ¡llega el cole!

Parecía que ese momento nunca iba a llegar. Yo hasta ahora veía a los niños de colegio y pensaba… ¡bah, qué mayores! Anda que no queda para eso.

Pues ya está llegando y, en nuestro caso de hecho, se ha adelantado, ya que estando en Camerún no tenemos guardería cerca y nuestro hijo ha empezado a ir a una ‘maternelle’, un cole de infantil.

Se podrían escribir post enteros sobre la elección de cole (y seguro que próximamente los tendremos en nuestro blog), pero como en nuestro caso no había mucha opción, únicamente diré que tiene que ser un cole que a los padres nos guste, igual que la guardería. Que nos parezca un sitio acogedor, limpio (se da por sentado) y, lo más importante con diferencia, que los profesores sean cariñosos.

A nuestro hijo le da igual que tenga la última tecnología, huerto ecológico o el mejor patio del mundo. Eso nos importa a los padres (y no digo que no sea relevante). Pero para que nuestro hijo esté bien, basta con que se sienta a gusto con las personas que le van a cuidar.

¿Y cómo ha sido en nuestro caso ese arranque del colegio? ¿Es muy diferente de la guardería? Pues yo diría que sí. Se nota que es, pues eso, un colegio. La guardería se puede parecer más a nuestra casa: los niños juegan más o menos a su aire, están en una edad en la que interaccionan menos entre sí y todo es más laxo.

En el cole, los niños son más mayores. Son capaces de seguir una clase, sentarse en una silla (poco tiempo) y, aunque progresivamente, se va pareciendo cada vez más a una clase en la que el profesor enseña y los niños atienden.

En ese contexto, se les exige más. Se les exige que pidan permiso para ir al baño, que lleven una mochila, una ropa concreta (si hay uniforme) y que se comporten de una determinada forma en clase. Y ese cambio de actitud se nota.

El inicio para nuestro hijo fue más duro que la guardería, ya que a ésta empezó a ir de muy bebé, y no necesitó ningún tipo de adaptación. En el cole, ya mucho más consciente y tras varios meses en casa, no estaba dispuesto a quedarse tan alegremente y las primeras dos semanas las pasamos con lloros cada vez más cortitos.

Una cosa muy importante es que al principio hizo una relación muy fuerte con su maestra, y era con la única con la que quería quedarse. A mí me daba muchísima pena dejarle llorando, aunque las profes me decían que en cuanto me iba se le pasaba y se ponía a jugar.

Y eso sí, a la salida estaba siempre contento. Poco a poco fue relajándose con el resto del personal y a las dos semanas ¡oh, milagro!, entraba en el cole corriendo y casi sin decir adiós.

Ahora está feliz, encantado con todas las profes, los niños, aprendiendo muchísimo (en nuestro caso se nota por ejemplo con el idioma). Una cosa muy chula de los coles es que, como son más mayores, pueden organizar cosas más complejas como excursiones, un día de fiesta, bailes… ¡y la verdad es que hace mucha ilusión verlo!

Mi único consejo para el inicio del cole es tener paciencia. Lo importante es que el niño se relacione y lo demás, como dicen aquí… ça va venir!!

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