Objetos inexplicablemente útiles

Desde que K. nació, hemos recibido muchos regalos. Por no hablar de las herencias de los diversos primos que K. tiene. Entre todos estos objetos, hay varios que, cuando los recibí, pensé: “Esto nunca lo usaré”. ¡El tiempo me ha quitado completamente la razón!

El primero es un vaso por el que no sale agua hasta que el niño no aprieta los labios en el borde. He de decir que en este caso sí pensé que sería útil, pero tras diversos intentos me di cuenta de que K. no era capaz de beber. Fue en ese momento en el que pensé que nunca lo usaría… ¡pero me equivocaba! Tan solo, era demasiado pronto. Ahora que tiene dos años y medio, es el vaso que le acompaña todas las noches en la cama. Tiene su agua cerquita, pero al mismo tiempo si la vuelca no pasa nada. Después de muchas noches agitadas porque había mojado toda la cama con la leche del biberón, es un alivio que tome agua y que, además, no la derrame. 

Quedándome en tema alimentación, unos amigos nos regalaron una bandeja que se pega en la mesa y que tiene diversos huecos para poner la comida. Al principio me resultó grande y aparatosa, por lo que no la sacaba con mucha frecuencia. Cuando K. entró en la fase de tirar todo -platos incluidos- se convirtió en nuestro fiel aliado. Estuvimos casi un año viajando a todas partes con la bandeja en la mochila.

Cuando K. tenía unos seis meses, unos amigos que viven en Berlín nos regalaron una cajita con una gran variedad de sales de baño y sustancias de lo más variado para teñir el agua de la bañera. En Alemania es muy común y se encuentran en cualquier supermercado. Son tintes naturales que, por supuesto, no perjudican la piel del niño y que convierten la hora del baño en un momento realmente especial. En ese momento, me hicieron gracia pero tampoco le di mayor importancia. Ahora que lavar el pelo se ha convertido en drama nacional, es esencial hacer que la hora del baño sea de lo más emocionante. Y ¿qué mejor manera que haciendo que K. elija el color del agua? Si queréis comprarlos, en España suelen venderlos en tiendas bio o en Internet.

De nuevo en lo referente al baño, un gran descubrimiento fue el albornoz. Como yo no uso, nunca pensé en comprarle uno. Y un buen día nos llegó como herencia de los hijos de unos amigos. Cada vez que sale de la bañera y se lo pongo, se pasea por toda la casa enseñándole a todo el que está por allí lo muy guapo que está con su albornoz. ¡Otra manera de que la hora del baño sea muy divertida!

Por último, quería mencionar uno de sus juguetes favoritos: los animales de plástico. Una amiga le regaló un bote muy grande de Hemma con todos los animales de la selva. Mi primer pensamiento fue: es muy pequeño para este juguete, no lo usará hasta dentro de quién sabe cuánto tiempo. Pues bien, tenía un año cuando se lo regaló y desde entonces ¡nunca podemos salir sin sus animalitos!

Y vosotros, ¿habéis descubierto algún objeto que inicialmente disteis por inútil pero que después ha resultado ser un gran aliado? Si os interesa el tema, podéis leer también el post de Sofía sobre los artículos de puericultura que son necesarios y los que no lo son tanto, por mucho que os los recomienden.

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