Pedir ayuda, el mejor consejo

Cuando me quedé embarazada empecé a recibir, como seguramente muchas otras madres primerizas, muchos consejos. Pero hubo uno que se me quedó grabado y que tras varios años sigo de vez en cuando repitiéndome a mí misma. Es sencillamente el de pedir ayuda.

Recuerdo el mail de esta amiga en el que me decía que para ella era esencial contar con alguien durante los primeros días tras el parto- Y yo, ahora que K. ha incluso superado los dos años, diría que es algo que no tenemos que tener sólo tras el parto, sino en general en la vida, siempre que nos sea necesario.

A veces nos sobrecargamos con el trabajo, la familia, los compromisos sociales… y no nos damos cuenta de que sencillamente hemos llegado a nuestro límite. Antes de llegar a una situación así, no nos debería dar vergüenza pedir ayuda. Y sin embargo, con frecuencia, ni nos lo planteamos.

Justamente el pasado fin de semana, leí varias noticias y post en Facebook sobre madres completamente agotadas que habían sufrido alguna desgracia o que habían teñido alucinaciones, por suerte sin mayores consecuencias. Y es en ese momento cuando me han vuelto a venir a la cabeza las palabras de mi amiga…

Sé por experiencia propia que no siempre es tan fácil pedir ayuda, pero hay veces que basta un paseo en compañía de una amiga, o incluso de alguna conocida, para poder recuperar fuerzas. Incluso una llamada de teléfono puede animar.

Lo importante es no olvidarse que en algún momento de la vida a todos nos toca pedir ayuda.

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