De vacaciones a Japón con un niño de 2 años

Este verano mi marido y yo nos hemos liado la manta a la cabeza y nos hemos ido de vacaciones tres semanas a Japón con A., que estaba a punto de cumplir dos años. Y después de la experiencia no puedo sino recomendar un viaje así (aunque quizás en una época diferente al verano).

Nuestro itinerario ha incluido una semana en Tokio, una semana en Kioto y una semana de ruta por los Alpes japoneses, con un par de días de senderismo por el monte. Y la verdad es que sólo tengo buenas palabras sobre nuestra experiencia en lo que se refiere sobre todo al hecho de viajar con el enano.  

En primer lugar, no hemos tenido ningún problema para que en los hoteles nos pusieran cuna o barrera de protección para la cama. Además en muchos sitios nos hemos alojado en establecimientos tradicionales. Es decir, que hemos dormido en futón, con lo que A. podía retozar libremente sin riesgo de hacerse daño. Y en ningún caso hemos tenido que pagar más por él.

En segundo lugar, en todos los restaurantes lo primero que hacen en cuanto te ven aparecer con un niño es darte un bol con una cuchara y un tenedor pequeños para que pueda compartir parte de tu comida. Y en la gran mayoría tienen además trona (incluido en sitios que para nada son turísticos ni dirigidos a un público mayoritariamente familiar).

Además, igual que pasa con los alojamientos, en los restaurantes más tradicionales las mesas son bajitas y uno se sienta en el suelo. Así que A. no tenía ninguna dificultad para poder participar en la comida con nosotros. Y os aseguro que se lo ha pasado pipa intentando pescar los tallarines con los palillos y también que le ha encantado toda, ABSOLUTAMENTE TODA la comida que ha probado, desde los noodles hasta la tempura, la sopa de miso o la carne de Kobe (que nos ha salido de paladar fino el niño…).

En tercer lugar, prácticamente todos los aseos (incluidas las cabinas públicas que hay casi en cada esquina, los aeropuertos, las estaciones de tren y los propios trenes) tienen cambiador para bebés y, en muchos casos, también esas sillitas donde se les puede sentar mientras el padre o la madre usan el cuarto de baño. Y no me refiero sólo a los aseos de mujer, sino también a los de los hombres o, en su defecto, a un aseo específico para los minusválidos y las familias. Así se facilita que no sean siempre las madres las que tengan que encargarse de cambiar el pañal a los peques. 

E incluso en los casos en los que no había cambiador (que, de verdad, son los menos), Japón es un país tan, tan limpio que no hay ningún problema en cambiar al niño en el suelo, como alguna vez tuve que hacer yo sin ningún remordimiento ni duda.

En cuarto lugar, Japón es un destino excelente porque la mayoría de las visitas turísticas que hay que hacer implican lugares con grandes jardines, parques o zonas verdes llenas de estanques e incluso de animales. Así que los peques pueden entretenerse correteando mientras los padres disfrutan de las visitas. La única pega son los templos que están cerca de montes, porque suelen tener escaleras, pero incluso esos casos pueden convertirse en ocasiones de juego con los enanos. 

Nosotros procurábamos dejar a A. en algún lugar a la sombra, jugando con la arena o con las piedras (porque está todo lleno de piedrecitas), mientras visitábamos los templos, siempre turnándonos para que uno de los dos lo tuviera a la vista. Aunque Japón es un país super seguro y en principio es complicado que pase algo.

Eso sí, y ésta es la única pega: en verano hace mucho calor con lo que puede resultar un poco agotador para los padres tener que cargar con el niño de un sitio a otro. Nosotros solíamos llevar la sillita de paseo pero para las visitas la dejábamos en la entrada del templo en cuestión y llevábamos a A. o bien a pie o bien en la mochila portabebés.

En quinto lugar, Japón es un país perfectamente avanzado con lo cual no hay problemas para encontrar comida infantil y artículos de puericultura (aunque es verdad que es difícil conseguir pañales en los supermercados normales y es más fácil encontrarlos en las farmacias o en las droguerías grandes).

Y también la atención sanitaria es de primera calidad. Nosotros, desgraciadamente, tuvimos que llevar a A. al médico y gracias al seguro que contratamos no tuvimos ningún problema y el doctor que le atendió fue muy majo y todo fue muy bien.

Por último, los japoneses adoran a los niños. Así que continuamente les están haciendo carantoñas y gracietas, y una de las palabras que más escucharéis si vais con un enano será ‘kawaii’, que quiere decir algo así como ‘qué lindo’, y que A. pareció comprender enseguida porque a todos los que se lo decían les dedicaba una sonrisa y alguna monería. 

En resumen, que si os apetece viajar a Japón y tenéis dudas por el hecho de ir con un niño tan pequeño os recomiendo que os lancéis, porque es un viaje que merece mucho la pena, no es tan caro como parece a primera vista y a vuestro enano seguro que le encantará.

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